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18.4.12

Arequipa en flores (parte I)

Ay, Arequipa. Tierra linda, serrana, volcánica, llena de taxis y súper pintoresca. Me encantó estar allá y hacerle 'check' a ese pendiente. Dentro de todo lo que pude ver con mis ojazos, me llamó mucho la atención la variedad de flores dependiendo del microclima en el que estábamos; no eran las mismas flores en la ciudad que en el Colca, y mientras más subíamos en altura, más florecitas amarillas se veían (hasta que se extinguían del paisaje gracias al frío maligno).

Acá una primera selección de las fotos de flores que más me gustaron durante nuestro recorrido. No pongo todas en un solo post porque sería un choclón de fotos y no es la idea:) Enjoy!

*La tercera foto la tomó mi amore <3








17.4.12

En fotos: los colores de Arequipa

Estuve en Arequipa por primera vez a fines de marzo. El clima, riquísimo, casi nada de lluvias, y el último día que estuvimos en la ciudad, salió un sol esplendoroso y serranísimo. Aprovechamos para conocer el Valle del Colca y su nieve (a donde, definitivamente, volveré), el Monasterio de Santa Catalina , el centro de la ciudad, los alrededores de ella y varios restaurantes.

Una de las cosas que más me gusta de los viajes es ver las artesanías; qué es lo que hacen los lugareños, a qué les imprimen su sello. Por eso, en varios puntos de la ciudad, como del Colca, tomé varias fotitos de los souveniers que más me gustaron por sus colores siempre llamativos. ¿Qué les parecen?





16.4.12

¡Nieve, blanca nieve!

Sí, sí. Nunca la había tocado. Es mi verdadera verdad. Cada vez que he viajado, he ido a lugares con mucho calor, caribeños y tropicales. ¡Nada de frío! ¡Nunca cerca a los 0º ni en broma! Pero esta vez fue diferente.

Camino al Valle del Colca, a los 5,000 msnm, con un frío desgraciado y de madrugada, vi a través de la luna empañada de la camioneta, algo blanco que me llamó la atención. Limpié el vidrio congelado a duras penas y grande fue mi sorpresa cuando vi hielito por montones, como ese de la refri verde antigua con el que jugaba de pequeñina.

Cuando bajamos de la camioneta a desayunar, mi Ro le pidió al guía que por favor paremos de regreso a Arequipa para que mis manitas pudieran, al fin, sentir, tocar y jugar con la nieve. No pude más con la emoción, porque unas horas después, el carro desaceleró, el guía abrió la puerta y granizó encima mío; me olvidé de la altura y crucé corriendo la carretera desolada para hacer mi primerísima bola de nieve que Ro capturó con nuestro lente.

Me sentí como una niña de nuevo, emocionada por cumplir un sueño (aunque parezca tonto y muchos me miren con cara de "WTF!") al que ya le puedo hacer check en mi wishlist de cosas para hacer antes de morir. ¿No les pasa también que esas cosas minúsculas de la vida les causan una emoción infinita? ¡Qué felicidad tocar la nieve! ¡Qué felicidad!